Hay que llegar a los asuntos siempre un pelín "tarde": ese es el lema. Para que dé tiempo de reflexionar algo al respecto, y no nos quedemos en la superficie más superficial de lo superficial
Vamos a hablar de las aficiones y los aficionados, en muchos sentidos.
El vídeo está claro: la afición de Noruega es de todo menos aficionada en sus celebraciones. Son unos verdaderos profesionales. En este mundial, han conseguido —y es algo que suelen hacer, visto el pasado— una total unión con su equipo. Ese parece ser uno de los objetivos más importantes de una afición.
Por partes.
¿Es una afición profesional una afición? Es decir, ¿podemos fichar a unos tipos para que nos hagan de afición de modo profesional? ¿Podemos pagar a unas personas para que aplaudan y canten constantemente y de modo coordinadísimo y lúdico e impecablemente visual? Yo diría que no. Fácilmente puede venir a la cabeza el modo de hacer de China durante su olimpiada ¿Por qué no? Porque la afición —los que aplauden— tienen que tener una cierta afición al fútbol, a base de tanto hacer algo: ver fútbol. Y lo que les une, además del fútbol, es la pasión que une. Si luego se unen para gritar cánticos elaborados —incluso a voces— y movimientos sincrónicos, mejor. Pero el objetivo es animar a muerte a los, en este caso, futbolistas que están ahí al lado jugando.
La palabra "afición" proviene del latín y su evolución es bastante interesante. Proviene de "affectio", que es "disposición de ánimo", "inclinación", "afecto". Es decir, algo pasional. Pero ese nombre es compuesto: se forma por ad- ("hacia") y facere ("hacer"): la afición por algo te lleva a hacer algo. Con el paso al castellano, el significado fue evolucionando: Afecto o inclinación hacia alguien o algo; o sea, gusto o cariño especial por una actividad. Y, de ahí, conjunto de personas que sienten ese gusto común, como en "la afición del equipo".
Es una especie de círculo virtuoso, lo cual es muy interesante. Algo me afecta si lo hago, y me aficiono si lo hago y eso me lleva a hacerlo más. ¡Cuántas veces hemos visto esto en, por ejemplo, una afición tan interesante y práctica como la afición a la lectura! "No me gusta leer", dicen muchos adolescentes que hace años que no leen. "Me gustaba de pequeño", añaden. "Claro", hay que responderles, "porque antes leías". y le cogiste afición, porque es algo bueno a lo que puedes ser atraído y coger afición.
Es imposible cogerle afición al fútbol sin ir a verlo. Y, por eso, igual de imposible ser de la afición de un equipo al que nadie va a ver, porque no tendrá afición.
Pero, ¡vamos a liar a lector!, para que haya afición —a la lectura también— tiene que haber un mínimo de afición: para que me apasione algo, alguien —parte de la afición: un fan— tiene que pasarme de algún modo esa pasión. ¿Por qué vuelve a leer un adolescente? Porque alguien aficionado le habla con afición y le engancha el gustillo con un libro que vale la pena mínimamente. (Pregunta a los padres cuyos hijos no leen: ¿te ven a ti leer alguna vez, o solo con el móvil?)
Nadie, por acabar por todo lo alto, pondrá en duda que la afición noruega es auténtica. Y, tampoco, que acaban agotados. Pero es un agotamiento que no se nota mientras uno está chillando, sino cuando se acaba el hecho de animar. Ahí llega a notarse —porque estar, ya estaba— el cansancio. ¡Qué básico es esto: no cansa lo que amamos!
In eo quod amatur, aut non laboratur, aut et labor amatur.
Traducción más o menos literal y poco literaria:
En aquello que es amado, o no cuestan las cosas o se aman también las cosas que cuestan.
Una frase de oro de san Agustín, entresaca de De bono viduitatis (algo así como Sobre el bien de la viudedad, o La bondad de la viudez).
Anda, a leer. Y a ver el mundial, si uno tiene afición.
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