¡Waaaaaaala!

Es, aproximadamente, el ruido onomatopéyico que a cada minuto salía de nuestras bocas. Estábamos viendo una película tremenda: "Misión imposible IV: El protocolo fantasma". No me quedaré en la película en sí, sino en algo que está detrás. 
 Las películas que más nos  gustan, hoy día, nos delatan. Suena a tópico, pero no deja de ser cierto: necesitamos héroes. El hombre siempre los ha necesitado. Estamos hechos en lo ordinario, pero para lo extraordinario. El "más difícil todavía" es como nuestra segunda substancia. Sólo que hay quienes aún no han descubierto que se trata
de lograr cosas maravillosas con la rutina diaria. No todos somos Tom Cruise, ni conducimos cochazos último modelo, ni tampoco escalamos las paredes de los edificios más altos y más lujosos del mundo ayudados de unos guantes surrealistas, ni mucho menos etcétera, etcétera. (Por no citar las o los guapuras que desfilan por ahí).
Nos encantan los superhombres, está claro. Y tal vez el preferido sea Batman: sin ningún poder (más que el económico) se pone un traje, y a repartir mamporros defendiendo al justo y castigando al malo. Quizás sea por algo tan humano como eso. O porque se maneja algo muy típico del hombre, que ya decían los antiguos paganos: "Ad maiora natus sum!". He nacido para cosas grandes. Ahora se trata de hacerlas con cosas pequeñas, bien sumadas. 
(Y, de vez en cuando, ver una pequeña película de desconexión: como dicen que dice Leopoldo Abadía, "De muchos tiros, y sin mensaje".)

Comentarios

PCDN ha dicho que…
Oye pues si. Yo la vi el otro dia y me entretuvo un montón. Dinámica, entretenida, liviana, en fin, para pasar el rato, que problemas ya tenemos demasiados, y los que nos quedan.
Un saludo