Leche y ecología

La leche. El Papa va a escribir una encíclica sobre ecología. (Ya lo ha hecho: aquí)

(¡Ojo!: son dos cosas. No me refiero -también- a que lo segundo sea lo primero).

Lo cierto es que me llama la atención este tan notable actual maridaje entre alimentación y literatura. No creo que los envases puedan contener más texto. Lo cierto es que no sé si mucha gente los lee. Aconsejo hacerlo algún día: uno aprende muchas cosas, y se sorprende, a la vez, de lo preocupados que están los vendedores por la salud del consumidor: "Se recomienda una dieta variada y equilibrada y un estilo de vida saludable".

Pero no quería comentar principalmente esto, sino el dibujillo de abajo. Y eso sí tiene que ver con la ecología.
"Yo protejo lo bueno", informa el envase.
Es toda una declaración de principios. Y no lo digo en broma. El primer principio moral (sindéresis, se le llama) no es otro que "haz el bien y evita el mal". Un derivado de los primerísimos sería ese: "protege lo bueno". 
La ecología tiene ese fundamento, como el sencillo brick explica: como el mundo es bueno, lo protegemos. Lo que no explica es el porqué. Porque se da por sentado. ¿Por qué cuido de las cosas? Para usarlas más tiempo. Y no sólo yo, sino los demás, que vendrán después. Lo bueno me llama a cuidarlo.

Pues, entonces, si hasta un envase de leche lo explica sencillamente, ¿para qué nos vamos a liar? El mundo es bueno. El hombre, que está ahí contenido, también: protejámoslo también. Por supuesto: mis ganas tengo ya de leer lo que diga Francisco sobre ecología. Ya dijo lo propio Benedicto XVI, y fue bueno, bueno. Pasó de las cuidar las cosas, a cuidar al hombre: ecología humana. Así hablaba de la ética. Y es más simple hablar del aborto: protejo lo bueno: a la madre y al hijo. Bravo. (Ahora quizás ya no se ve tan claro lo de la leche)

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