Cerveza metafísica

¿Listos? Vamos.  

"El concepto de bien consiste en que algo sea apetecible, y por esto dijo el Filósofo (Aristóteles, en su Ética a Nicómaco) que bueno es “lo que todas las cosas apetecen”. 
Pero las cosas son apetecibles en la medida en que son perfectas, pues todo busca su perfección". 
Y así, sin pestañear, uno acaba de leer un sugerente texto del s.XIII: la Suma Teológica de Santo Tomás de Aquino, que, además, cita a otro de Aristóteles, del IV aC.
Quizás habrá que hacer un parón aquí para ir a tomar una cerveza. Demasiada cultura de golpe. 

Y de cervezas va el asunto, porque vi el otro día un anuncio tremendo. No hice foto y no la he encontrado en internet. No sé quién es el responsable de marketing de San Miguel, pero el lema que eligieron dice lo mismo, unos siglos más tarde: "Lo bueno gusta en todas partes". 
Es un buen lema, qué duda cabe. Porque va más allá de su producto. 
(Por supuesto, hay a quien no le gusta la cerveza, y a quien se deja llevar demasiado por ese gusto irrefrenable. Hitler era abstemio. Y Nietzsche. Hay algo singular en los abstemios. Hoy día, quizás por huir del otro extremo, se está poniendo de moda el no beber nada. Es un paso previo, espero, a beber con normalidad, disfrutando de los beneficios de la bebida sin perder los papeles. Adjunto aquí una fotografía reveladora. 

El hecho de que la cerveza guste en todas partes sirve como ejemplo de que el lema de San Miguel es correcto: "lo bueno gusta en todas partes". 
¿Cuál es la razón, más allá del hecho? Que la realidad es así. "Las cosas son apetecibles en la medida en que son perfectas, pues todo busca su perfección", decía el texto arriba citado. Y cuanto más perfectas, más gustan. 
Tenemos en nosotros, inopinado, un deseo de perfección. El anhelo de los perfecto tira de nosotros hacia delante: queremos una vida mejor, un futuro mejor, un mundo sin errores, gente que no mienta, el futbol perfecto sin trampas (VAR), la cerveza en su punto... Tendemos a la perfección. O, mejor dicho, la Perfección tira de nosotros. 
Es la causa final... o motor inmóvil, según se mire: el "para qué" absoluto, que el catolicismo ha sabido entender como "para Quien". 
San Agustín, amante de la vida, lo decía a la perfección: 
"Nos creaste, Señor, para Ti y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en Ti".
Así que, dando saltos al infinito sin tener en cuenta muchos peldaños, podríamos explicar ya por qué una buena cerveza puede llevarnos a Dios. Por la perfección relativa de lo imperfecto, a lo Perfecto.

Hala, a tomarse una buena cerveza. 

Comentarios