Uno de los motivos por los que el fútbol me gusta —y lo mismo ocurre, lo sé, con otros deportes. Pero es que no se ven tanto como el fútbol: por algo se le llama "deporte rey"— es por lo educativo. (Iba a añadir "educativo en la realidad", pero es redundante e innecesario: una educación que no tenga en cuenta la realidad en sus presupuestos y en sus finalidades, no es educación en absoluto. Es manipulación, adiestramiento, o como se le quiera llamar). Y uno de los aspectos más educativos del fútbol son las normas y lo absolutamente inflexible. Igualito que la realidad misma, que no se preocupa por tus sentimientos. La gravedad funciona aunque no te apetezca, etc.
Japón lo sabe bien. El otro día, podrían haber sumado un gol más, pero no, porque la bola no entró: porque ha de entrar toda. Entera. Y, como se ve —a duras penas— en la fotografía, no entró toda. Casi, casi toda, pero no toda. Luego no es gol. Y eso es muy educativo para los que juegan. Porque se trata de un juego, ¿eh? Porque, aunque es igual de real que la realidad extra-lúdica —exterior al juego— , hay una realidad fuera del juego, de la que el juego es copia "de broma": preparadora para la otra, y, por eso, educativa. El juego es, como ya hemos señalado varias veces en estos escritos, la vida en miniatura, una prueba de laboratorio para la vida. Vida en que luego pasan esas cosas, para las que el juego nos ha venido preparando. Ejemplos, miles: "mi jefe es un capullo egoísta que no piensa en mí"; "queremos tener un hijo, pero no hay manera", pues no hay manera. "Quiero que esta chica se fije en mí, pero no acaba de...", pues no acaba de. "Querría ser más rápido, pero..."; "me han entrado en casa a robar"; "ojalá hubiera mar en Madrid"; "ojalá poder hablar con santo Tomás Moro", pero no; o, ejemplo algo doloroso hoy que salen las notas de las PAU en Catalunya, "querría haber sacado un...", etc... En la vida, no todo depende de nuestra voluntad. Son muy pocas esas cosas: ni la realidad exterior, ni los hechos de los demás, que son libres.
La reacción ante lo que no depende de nosotros debe ser pacífica en lo posible. "Habría sido un golazo, pero no...", con cierta calma. La primacía de la realidad sobre todo lo demás (el conocimiento y la ética), dirían los filósofos clásicos. Digámoslo otra vez: la realidad es limitante y limitada: y eso es bueno, porque lo bueno es lo real apetecible.
(Anécdota breve, que suma cosas a favor de los japoneses. Buscando una foto para ilustrar esto que acababa de suceder y estamos comentando aquí, encontré una foto igualita, ¡pero del mundial de 2022! Es decir, que ya es la segunda vez que les pasa. Grandes, japoneses).
Y, para acabar, otro de los motivos por los que nos gusta el fútbol es los ejemplos de educación que dan algunos equipos, como el mismo japón. Son limpios y ordenados siempre, les vea quien les vea. Así dejaron su vestuario, conscientes de que no solo es suyo. ¡Bravo por ellos!
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