Se acabó el verano, una deliciosa época de descanso para muchos. Son unos días de vacaciones que nos recuerdan que no estamos hechos para galopar sin cesar. Los sprints son para algunas partes de la carrera., no para toda. O, sí, para toda, si es un tramo cortísimo el que se recorre. Pero la vida es larga, en principio: cada vez más.
Ya ha comenzado —casi acabado— septiembre. Y sigue siendo cierta y oportuna la frase de la propaganda de Repsol que busqué en internet, después de verla en directo, en una autovía: "se hace camino al parar"
Obviamente, se hace camino al andar, como bien recordaba Antonio Machado en su Poema XXIX, recogido en su obra Proverbios y Cantares. Lo añado enterito, para disfrute y parón necesario:
Caminante, son tus huellasel camino y nada más;caminante, no hay camino,se hace camino al andar.Al andar se hace caminoy al volver la vista atrásse ve la senda que nuncase ha de volver a pisar.Caminante no hay caminosino estelas en la mar.
Preciosa poesía. Preciosamente cantada por Serrat.
Al parar se hace camino, porque se reemprende con más ganas. Y con nueva dirección si se había extraviado uno. O con compañía, que se ha encontrado en ese parón de calma.
No vayamos a querer ser como máquinas, que revientan sin aviso.
El ser humano necesita detenerse en su trepidante actuar para seguir después actuando hasta el final. Sobre cuánto tiempo, cuán a menudo, o haciendo qué (música, deporte, arte, paseo por la montaña, o ir de compras), hay autores muy famosos que saben mucho. Con decir aquí que compensa, y mucho, pararse a pensar si uno se para a menudo, la cosa está más que servida.
Un pit-stop, y a seguir. Y, de vez en cuando, una parada más larga.
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