Fui a ver... ¿a Bad Bunny o al Papa? (o "¿Qué pintaba el Papa en España?")

Si se les preguntara (a los jóvenes): "¿quieren ver a Bad Bunny o al Papa?", creo que muchos irían a ver a Bad Bunny. Pero también creo que algunos vendrán a ver al Papa. Y eso dice mucho, ¿sabes? Así que creo que es alentador y espero poder animar a los jóvenes.

Eso dijo el Papa en el avión del Vaticano a los periodistas. (A alguno le sorprenderá que sepa quién es Bad Bunny. Luego resulta —"resulta" más que comprensible— que se vieron un rato). La frase del Papa es simpática. Y la que venía antes de esa, mejor todavía: 

“Los jóvenes que buscan algo más, que en muchos casos han crecido sin una dimensión espiritual en sus vidas, se dan cuenta de que hay un vacío, una falta de sentido, y quizás mi visita ayude a despertar aún más algo que ni siquiera saben cómo definir

Ahí está el quid —uno, al menos— de la cuestión. Las nuevas generaciones tienen una peculiaridad muy interesante, que conviene conocer: que no conocen. Eso es algo típico e inevitable de todas, en algún sentido: todo lo que "se sabía", hay que aprenderlo en cada generación para que siga siendo "sabido". En lo que toca al cristianismo, la cosa es clara, y es ésta: muchos de nuestros jóvenes no saben nada de él. Sus padres "sabían" —o sabían, incluso, sin comillas: sabían de verdad—, pero estaban lejos ya de esa religión, por los motivos que fuera. Y jamás enseñaron nada a sus hijos: por razones de conciencia ("si creo que es malo, no pienso enseñarlo, sino enseñar a odiarlo o a despreciarlo"), o por olvido, o por no darle importancia, o porque no sabían muy bien cómo, ya que ellos tampoco eran la cúspide de la fe practicada. Y así se partió la transmisión de la fe en las familias, que son las iglesias domésticas. 

¿Y qué pintaba el Papa aquí?, podemos preguntarnos, con diversos tonos, todos muy lícitos y comprensibles. (Recuerdo una señora a la que vi a los pies de la Sagrada Familia, a 30 minutos de que empezara la Misa, con una hoja blanca enganchada en su jersei en que se leía: "¿Estado aconfesional?". Daba que pensar). Lo que pinta, lo ha dicho ya él mismo a los periodistas. Y lo dice la ropa que lleva. Viene en misión apostólica. "Misión apostólica" son palabras redundantes: misión viene del latín missio (envío), y lo mismo es apostólico, del griego apostolein, enviar. Y significa, básicamente, que viene porque piensa que Dios le manda a hablar de Jesús y de lo que su vida y enseñanzas conllevan, si se tira del hilo, por molesto que sea el resultado en apariencia, sobre todo para los cristianos adormecidos, pero también para los que no quieren ni oír hablar de ser buenos y caritativos. En una palabra, a quienes no piensan más que en sí mismos, en forma de "felicidad corporal y económica". A eso viene, y eso pinta. Si no viene a eso, no pinta nada. Él lo sabe. (Sobre la ropa que lleva (y algún otro esperpento del chat), dejo esto, porque la misma ropa, repito, anuncia qué hace aquí).

Esto es sumamente interesante, porque hace absolutamente clara e inteligible y hasta evidente, la animadversión de los ateos de recta conciencia, por llamarlos de algún modo con todo mi cariño y asombro positivo que merecen. A ver si logramos explicarlo. La tesis es esta: si uno no entiende el cristianismo a fondo, no lo entiende. Entender el cristianismo de modo parcial —como manifestación social, como moral, como sustento ideológico, como inagotable fuente de inspiración del arte, etc.— no es entenderlo, y hace lógicamente incomprensible mucho o todo de lo que León XIV hizo en España. Sería muy bueno que todo ateo de recta conciencia y todo buscador de Dios comprendiera esto: que el católico sabe también lo absurdo que suena y se ve todo acto católico si no se entiende bien. Compartimos su estupefacción y su asombro burlón: ¿qué hace un señor de 70 años hablando de esas cosas —por socialmente aceptadas que sean algunas— a toda esa gente? 
Me parece —y no solamente a mí, claro— que otra clave de la coherencia de la que hablábamos antes es esta: ¿qué unión —más o menos directa y visible, pero unión real— hay entre el amor a los pobres, la justicia social, la igualdad de todos, la dignidad de la persona..., y Jesús? Eso, que nos parece aburrido de decir y poco relevante y poco claro, es la clave. 

Si uno se fija en los mensajes del Papa —y pienso poner todos los vídeos abajo, uno a uno— se dará cuenta de que el Papa es absolutamente consciente de eso: o vamos a Jesús en todas las respuestas, o no hay de qué hablar. Que lo haga un estadista o un político; o un psicólogo, o un psiquiatra, o un célebre filósofo o un coach o un gurú o quien sea. Pero el Papa ha de hablar de Jesús, y lo hace. Porque es el sucesor del Pescador de Roma, de Pedro, que fue la piedra en que Jesús fundó su viejísima —y siempre joven— Iglesia que, transformada en hospital de campaña en tantas ocasiones, sigue en pie, porque "las puertas del infierno no prevalecerán contra ella", aseguró Jesús, su único fundador al pobre Pedro, que no sabía adónde mirar. 

¿Qué entienden algunos de todo lo que han visto? He añadido arriba una foto con un artículo escrito con el corazón y con una gran sensibilidad.

"Es fácil ser cínico y decir que es estética, identidad sin compromiso, algoritmo, una manera más de comprar compromiso en un siglo que ha hecho del vacío una mercancía".  

Eso dice Coixet, que es un artista y, como todas ellas, tiene esa mirada privilegiada hacia las realidades inmateriales y hacia lo auténticamente humano. Abundemos. Si uno lee el libro —largo y buenísimo, en mi opinión— de Miguel Cercas, leerá otro tanto. Uno que no cree, y que es de los que se reían, pero que ha visto cosas que en ninguna otra parte ha podido contemplar. Y que reconoce —sin ser explícito, no sea qué— que se tiene que forzar mucho a las palabras para definir como malas a las personas cristianas que, extremas pero reales y cariñosas, ha conocido en su periplo en Mongolia. Son atípicas, raras, anómalas, o lo que se te ocurra, pero, caray, son felices y procuran la felicidad a los demás sin aparato, sin dárselas de nada. En este viaje a España, se ha podido ver gente de esta, también: la Iglesia no está solo en las iglesias o capillas. 

Las maneras negativas son maneras de verlo. Gente de cierta edad a la que la vida —y los errores personales del pobre cristiano (o malo: Dios y él sabrán) al que han tratado o con quien se han topado o han chocado— ha hecho atea y hasta cínica, como reconoce Coixet. (Bien por ella). Es decir, que todo puede ser un tinglado, una estructura de poder y dinero, un engaño de dimensiones cósmicas y duración multisecular ya.

Pero hay otra manera de ver las cosas, y hay que tenerla en cuenta. Ésta: que el cristianismo diga la verdad, y que uno crea que lo que dice esa religión es así, es real, es verdad; y que, por eso, un buen cristiano —con todas sus fechorías y porquerías personales encima— intenta ser fiel seguidor de Jesús, y, por tanto, de sus ideales: el cristianismo. El Papa es de esos. (Y, ahora que se ha acabado, este viaje tiene toda la pinta de haber sido lo que decía ser: desde el horario hasta los actos que se han previsto. Si se sigue el programa, es cristiano de arriba abajo).

Vamos a ver. Pregunta clara: ¿qué tiene que pasar para que se considere que la religión católica es verdad? Básicamente, que funcione: que lo que diga, se cumpla. Debe haber una coherencia. Con fallos, si se quiere, pero coherencia. Las cosas funcionan si procuran lo que buscaban y lo logran. No impide que funcionen el hecho de que, por el camino, haya errores. Sé si un coche funciona no porque haya tres coches que hayan quemado motor, sino cuando un trasto se mueve a sí mismo (es auto-móvil); no cuando uno ha explotado, sino cuando se mueve y te lleva a donde querías. Lo importante no es el fallo, sino si consigue el fin que pretendía. Por eso, ya Aristóteles definía el bien como fin. 

Siguiente paso: ¿qué busca la religión católica? Hacer que los hombres, todos y uno a uno, sean buenos hijos de Dios y, por eso, buenas personas, preocupadas de los demás y sabedores de que todos somos iguales. Rufián, el portavoz de ERC, lo dijo claro, no sé si muy a su pesar: cristianismo puro y duro. El encargado de hacer esa labor sobrehumana —¡con todas las letras lo digo!— es Dios mismo... y cada uno.  Eso dice la religión católica: no podemos inventárnosla. Dios eleva al hombre a otro nivel, si el hombre se deja. A eso se le ha llamado desde siempre unión de ascética (lucha) y mística (misteriosa y gratuita acción de Dios en cada uno). Así lo sintetizaba a la perfección San Agustín, tan del agrado del Papa:

 "Dios, que te creó sin ti, no te salvará sin ti" 

¿Cómo hace eso Dios? A su manera, que, porque ha querido, cuenta con la Iglesia Católica, y con los modos que le da la gana.

Sigamos: ¿hay algún fruto positivo en el cristianismo? ¿Ha logrado funcionar alguna vez: si lo sigues, funciona y consigue lo que propugna y defiende? En Informe sobre la fe, un libro-entrevista, de quien con el tiempo llegaría a ser Benedicto XVI, el futuro Papa decía unas palabras fuertes, que en nuestros días se están mostrando cada vez más ciertas: 

«la única apología verdadera del cristianismo puede reducirse a dos argumentos: los santos que la Iglesia ha elevado a los altares y el arte que ha surgido en su seno. El Señor se hace creíble por la grandeza sublime de la santidad y por la magnificencia del arte desplegados en el interior de la comunidad creyente, más que por los astutos subterfugios que la apologética ha elaborado». 

 Cercas y su libro son muestra, para sí mismo, de que hay gente así hoy día: gente a la que el Papa Francisco, en ingeniosa y visual expresión, llamaba "los santos de la puerta de al lado". Aquellas personas aparentemente normales, que aparecían ante nuestros ojos sin aureola, pero cuyo modelo real de vida nos llamaba la atención por lo bueno, por lo preocupado del prójimo, por lo cristiano, por lo parecido a Jesús. En estos días, con sus lógicos defectos, hemos podido oír o ver a gente así. Gente que hace y parece que esconde el bien que hace. No, es solo que no lo pregona. En resumen: sí, el cristianismo funciona. 

Y, ¡ojo ahora! Funciona, de acuerdo, pero ¿qué hacemos con los pecados evidentes de la Iglesia, o de sus miembros? Porque ya hemos visto que no es obvio que funcione, pero sí es muy visible que tantísimas veces no lo hace. Mucho se ha escrito al respecto. Se me ocurren dos cosas que he oído últimamente y me han servido. 
    Primera: no es malo uno si hace lo que el cristianismo dice, sino, precisamente, si no lo hace. Un hombre habla mal de otro a sus espaldas. Mala cosa. No lo hace porque la Iglesia lo diga, sino que, al hacerlo, hace algo que la Iglesia le recuerda en un mandamiento que no debe hacer, porque Dios no quiere, porque nos ama y sabe que eso nos va mal. (Se puede releer la frase y se entiende mejor: ningún problema). Y eso ocurre con cosas sumamente graves, que son delitos. No varía el razonamiento aunque sí la cantidad de mal.
    Y eso nos lleva a la segunda: no es lo mismo ser débil que ser hipócrita. Todo se le perdona con mayor facilidad a la gente hoy día..., salvo que sea hipócrita. El clásico "mucho decir A, y luego venga a hacer B". La cosa es, con permiso, que falta un añadido: ¿qué piensa realmente ese que dice A y luego hace B? Porque ahí está la clave para diferenciar al débil del hipócrita
Ejemplo sencillo: si digo a los demás que no he de emborracharme, y luego cada semana me emborracho, ¿soy débil o hipócrita? Depende de qué piense. Si no pienso que esté mal, soy hipócrita. Si pienso realmente que no he de hacerlo, soy débil. Mucho, diría. Y, si no me doy cuenta pronto de que tengo que hacer algo diferente (dejar de salir como salgo o con quien salgo), empezaré a ser —además de débil— poco consecuente, y quizás acabe por cambiar mi modo de pensar, y, entonces, comience a ser hipócrita, si sigo diciendo que no es bueno emborracharse. Hasta que, finalmente, deje de aconsejar a los demás que hay que abstenerse de beber de ese modo. Duro recorrido de autodestruccin, que empieza dentro de uno.

Así que, sin concretar mucho, podemos responder ya a la pregunta por los defectos y pecados de los cristianos. ¿Qué hacemos con ellos? Confesarlos, pidiendo perdón a Dios y reparando a los hombres lo que convenga en cada caso. "Confesarlos... y cambiar", dirá alguno. Claro, añadiré, matizando: la voluntad firme de cambiar ("propósito de enmienda", se le llama desde hace tiempo: es decir, voluntad concretada de cambio a bien)  está incluida en la confesión. O sea, que si no la hay, no hay confesión. 
Porque —y esto es un añadido importante, que ya está en el inicio de la argumentación— el cristianismo funciona, pero no de cualquier modo. Y su modo ha traído de cabeza —y sin cabeza: mucho mártir decapitado— a muchos hombres y mujeres durante veinte siglos: no es fácil ser cristiano. Sin Dios, es imposible. Hay que coger el pack entero. O acabará por no gustar, por no llenar, por ser falso y perjudicial. Ejemplo: quiero confesarme de un robo, pero no quiero devolver lo que he robado. El sentido común lo señala también: he de devolverlo, o mi confesión será solo aparente: falsa. Mi religiosidad es un cáncer para mí. Lo contrario, la vida y en abundancia, es lo que ocurre —Dios lo hace si uno quiere y se mueve en ese sentido— cuando uno lo hace bien. En este ejemplo: robo, pero me confieso, y devuelvo, y pienso qué he hecho, y cambio, y empiezo a ser generoso. 

El Papa vino. Y se fue. Y ahora, la vida sigue. Y los felices cristianos que nos llenamos la boca con "¡viva el Papa!" y rimas más o menos resultonas, tenemos que recoger las buenas aguas de gracia y ejemplo que ha traído el chaparrón papal y almacenarlas para hacerlas vida, una vez pensadas, rezadas —habladas con Dios— y aplicadas a nuestra vida de cada día. Es la alimentación religiosa.

Se abren —ahora lo vemos más claro— muchos caminos. ¿Qué hacemos con los Coixet y Cercas de la vida? Con aquellas personas que, por su cabeza quizás tantas veces alimentada con ejemplos lamentables de cristianos flojos (o hasta malos), y por teorías que no corresponden con la realidad, han dejado fuera de juego a tantos adultos. El Papa dijo en un momento dado que estamos en momentos históricos en que la formación y bautizo de adultos va a dejar de ser extraordinario para pasar a ser lo ordinario, lo de cada día. Una llamada a la responsabilidad: vivir la fe y saber dar razón de nuestras acciones, como aconsejaba san Pedro en su primera carta. 


Y, ahora, como lo prometido es deuda, todos los mensajes del Papa, en vídeo. Para mayor orden, he ordenado por eventos, según la web del Vaticano.


Sábado 6 de junio 2026
ROMA – MADRID

08:00    Salida en avión desde el aeropuerto internacional de Roma/Fiumicino hacia Madrid

10:30    Llegada al aeropuerto internacional “Adolfo Suárez” Madrid/Barajas: ACOGIDA OFICIAL 
11:30    CEREMONIA DE BIENVENIDA en el Palacio Real de Madrid
18:00    VISITA A LOS OPERADORES Y ASISTIDOS DEL PROYECTO SOCIAL “CEDIA 24 HORAS” en el Centro de Información y Acogida
20:30    VIGILIA DE ORACIÓN CON LOS JÓVENES en la “Plaza de Lima”

Domingo 7 de junio 2026
MADRID
10:00    SANTA MISA en la “Plaza de Cibeles” y Procesión del Corpus Christi
16:30    ENCUENTRO PRIVADO CON LOS MIEMBROS DE LA ORDEN DE SAN AGUSTÍN en la Nunciatura Apostólica
18:00    ENCUENTRO “TEJER REDES CON EL MUNDO DE LA CULTURA, DEL ARTE, DE LA ECONOMÍA Y DEL DEPORTE” en “Movistar Arena”
19:30    Cena en la Residencia del Cardenal Arzobispo de Madrid
 
Lunes 8 de junio 2026
MADRID
09:30    ENCUENTRO CON EL PRESIDENTE DEL GOBIERNO en la Nunciatura Apostólica 
10:30    ENCUENTRO CON LOS MIEMBROS DEL PARLAMENTO ESPAÑOL en el Congreso de los Diputados 
11:30    ENCUENTRO CON LOS OBISPOS DE ESPAÑA en la sede de la Conferencia Episcopal 
12:50    Comida con los Obispos en la Nunciatura Apostólica
18:00    ORACIÓN Y HOMENAJE A LA VIRGEN DE LA ALMUDENA en la Catedral de Santa María de la Almudena
19:00    ENCUENTRO CON LA COMUNIDAD DIOCESANA en el Estadio “Santiago Bernabéu”

Martes 9 de junio 2026
MADRID – BARCELONA
10:20    ENCUENTRO CON LOS VOLUNTARIOS en el Pabellón 3 de IFEMA Madrid 
11:10    Salida en avión desde el aeropuerto internacional “Adolfo Suárez” Madrid/Barajas hacia Barcelona
13:00    REZO DE LA HORA MEDIA en la Catedral de la Santa Cruz y Santa Eulalia 
20:00    VIGILIA DE ORACIÓN en el Estadio Olímpico “Lluís Companys”

Miércoles 10 de junio 2026
BARCELONA - MONTSERRAT – BARCELONA
12:00    ORACIÓN DEL SANTO ROSARIO en la Abadía de Nuestra Señora de Montserrat 
13:00    Comida con la comunidad benedictina de Montserrat
16:30    ENCUENTRO CON LAS REALIDADES DE CARIDAD Y ASISTENCIA DIOCESANAS en la Iglesia de Sant Agustí 
19:30    SANTA MISA en la Basílica de la Sagrada Família
Inauguración de la torre de Jesucristo
18:30    SANTA MISA en el Estadio de Gran Canaria        


Viernes 12 de junio 2026
LAS PALMAS DE GRAN CANARIA - SANTA CRUZ DE TENERIFE – ROMA
08:30    Salida en avión desde la base aérea de Gran Canaria/Gando hacia Santa Cruz de Tenerife
10:10    ENCUENTRO CON LAS REALIDADES DE INTEGRACIÓN DE LOS MIGRANTES en la “Plaza del Cristo de La Laguna”
12:15    SANTA MISA en el puerto de Santa Cruz de Tenerife 
14:30    CEREMONIA DE DESPEDIDA en el aeropuerto internacional de “Tenerife Norte-Los Rodeos” 
15:00    Salida en avión desde el aeropuerto internacional de Tenerife hacia Roma
20:10    Llegada al aeropuerto internacional de Roma/Fiumicino




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