Fortaleza para ser libres: "aunque" y "porque" (o "hazte un horario, anda...")

—¿Por qué debo hacerme un horario? Nunca me ha funcionado...

De ese modo pretenden disculparse muchos alumnos —y adultos, sean o no alumnos— cuando se les sugiere que se hagan uno. 
Se les puede responder muy fácilmente, si son alumnos (y si no lo son, pero exige más conocimiento de su circunstancia personal. Recuerdo, pero no encuentro, un artículo de un psiquiatra que recomendaba como parte de la terapia a grandes empresarios que se hicieran uno...): 

—Porque ya tienes uno. El de las mañanas. Y lo sigues, y funciona.

Es decir, que hay una razón técnica: de eficacia, gracias al ordenamiento de actividades en el espacio-tiempo, en la que abundaremos. 
Pero hay otra razón: porque te hace fuerte y, por eso mismo, más libre. Por raro y contradictorio que parezca. 
Vamos a explicar alguna cosa de esas dos razones. 

La eficacia es un gran motivo para hacerse un horario, sin duda. Todos los chicos sin excepción apuntan a ese motivo para hacerse uno. "Si ordeno mis actividades, seré más eficaz. Cabe todo. O, como mínimo, veré si cabe". (Lo que suele pasar, en efecto, es que se dan cuenta de que les sobran horas).
Decíamos antes que los chicos ya tienen uno en el colegio. Y les va bien seguirlo. 
Y eso, por dos motivos: porque está bien hecho, y porque es indiscutido. Las dos razones son igual de importantes. 
¿Qué pensaríamos de un horario escolar en que no hubiera descanso "porque hay que trabajar y es muy importante"? O del que, por ser materia de gran importancia académica, tuviera tres horas seguidas de matemáticas cada día. Conclusión primera y obvia: el horario tiene que estar bien hecho. Es decir: ha de contar con todas las realidades de la vida de un hombre: trabajo, descanso, alimentación, etc. 
Segunda razón por la que el horario funciona: es indiscutido. No digo "indiscutible", porque eso no es cierto: todo alumno podría discutir su horario: "yo haría aquí mates en lugar de química", o "yo entraría antes al colegio". Pero, de hecho, ¡lo cumplen!: ¡lo viven: funciona! Lo más interesante es su proceso vital, que podemos describir simpáticamente con un diálogo simplificado y exento de exabruptos: 
—¿Qué toca ahora?
—Mates.
—Buás. Palo extremo. 
—Ya ves. 
¡Y entran en clase!, a pesar de sentir ese "palo", porque también entienden un clarísimo "es lo que hay", que lleva detrás, implícito, un inexplorado "es un horario bien pensado y conviene cumplirlo: nos va bien".  Eso está sobreentendido. 
Todo esto es altamente importante porque desmiente lo primero que se ha dicho: "NO se puede cumplir un horario: nunca lo he logrado". No es verdad: sí se puede: lo haces a diario. No lo discutes. Trátate así por la tarde. Ya llegarán las honrosas excepciones si las hay.
Lo cual nos lleva otra vez a hacerles pensar que hay que fabricarlo bien: con sentido común, como ya hemos dicho, y cierta táctica estudiantil. Aquí, buenas ideas prácticas sobre la técnica del horario.

El segundo motivo para hacerse el horario es interesante, porque no es técnico, sino práctico: moral. 
¿Por qué he de hacerme un horario? Para ser libre, y porque soy libre. 
Mi horario es la decisión previa de lo que voy a hacer, con ganas y sin ganas. 
Mi horario es mi cárcel... de oro, lo que hago con mi tiempo y mi libertad, mi querer puesto en acción a favor de o a pesar de mis apetencias. 
Los clásicos han llamado fortaleza a la virtud (al hábito o capacidad estable conseguida) que me lleva a hacer las cosas porque son buenas aunque cuesten. Y ahí están ya las dos palabras del título: "porque" y "aunque". 
Las dos son importantísimas. 
Nadie se hace fuerte si no consigue algo bueno. Será otra cosa: la virtud exige el bien, y nos lleva derechos a la felicidad: a la satisfacción más allá de la diversión: a la plenitud. Hazlas, porque son buenas.
Nadie se hace fuerte si ese bien no es arduo: difícil de conseguir. Hazlas, aunque cuesten. No habría ningún problema si todo fuera fácil. Pero no lo es: la vida está llena de bienes fáciles, que se consiguen sin esfuerzo (el amor de los padres, por ejemplo, es gratis, y de lo más importante); pero también de bienes arduos. Tom Brady, famoso jugador de futbol americano, explica muy bien por qué. Aristóteles lo hace mejor, pero no tenemos vídeos suyos. 


Para unir fortaleza y libertad basta la experiencia... explicada. 
Hay un tipo de libertad al que los clásicos han llamado libertad moral. En resumidas cuentas: el hacer bien las cosas genera virtud, es decir, hábito que capacita para hacerlas con una cierta alegría y facilidad. Eso es la libertad.  (Un tipo de libertad, como mínimo). Lo contrario, la adicción, es su falta: es poco libre quien, por poca fuerza, no es capaz de levantarse... Salta a la vista que quien no puede no es libre. El sincero, por ejemplo, es libre de decir la verdad con naturalidad y sencillez. El insincero no dice la verdad "porque no puede", ¡y porque a sí mismo se ha hecho así!

Resumen: hazte un horario. Hay mucho en juego: la libertad conquistada.
Pide ayuda para hacerlo, sin conviene. 
Y llegará, con el esfuerzo, el bien, el disfrute (plenitud), y la libertad para facilitarte el acceso gratuito a más bienes: el círculo virtuoso a la felicidad.



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