¡Menudo chichón tenía Messi en plena frente al acabar su partido contra Cabo Verde! He encontrado una foto el efecto y la causa: un buen golpe contra una buena rodilla. (Por cierto que el partido fue una maravilla de tensión)
Y, claro, todo es noticia hoy día. Y puede uno dedicarle un buen texto a la protuberancia. Está bien, qué duda cabe. (Ya hizo lo propio Quevedo con la nariz de uno, que aquí se comenta magistralmente).
Pero la noticia es que ya lleva 7 goles con 39 años y está metiéndose con su selección en octavos. Es decir, ¿qué importancia le dio Messi a ese chichón? La que tiene. Un golpe: se lo notó y se puso hielo. Son gajes del oficio. ¿Cuánto se habló de él? No sé. Pero sigue avanzando en el camino a su segundo mundial.
En la vida, lo mismo: es mejor centrarse en los objetivos. Si uno habla demasiado de las heridas, quizás es que le falta de qué hablar. Quizás es que no tiene un fin claro en su actuar. Porque no es lo mismo "mucho" que "demasiado".
En la vida, lo mismo: es mejor centrarse en los objetivos. Si uno habla demasiado de las heridas, quizás es que le falta de qué hablar. Quizás es que no tiene un fin claro en su actuar. Porque no es lo mismo "mucho" que "demasiado".
Son importantes los chichones —y hay que hablar de ellos— si a uno no le dejan más remedio que parar de jugar: algunos lesionados se han perdido el mundial. Es verdad: hay heridas que detienen en la carrera al fin. Pero, ojo, si son importantes es por eso mismo: por su referencia al fin, porque lo impiden. Un chichón no hará que Messi no marque goles: no tiene mucha importancia. Es la referencia al fin la que marca la importancia de la herida. (En realidad, la referencia al fin marca la importancia de todo lo relacionado con él, como ya vio Aristóteles).
Por eso, si la herida es grave, paremos y veamos. De lo contrario, hielo y a otra cosa. ¡A otra cosa! ¡Derechos a otra cosa, y que ese chichón me acerque a mi fin en ese momento que lo noto, y que nunca más hable de él! No creo que sea muy sano estar todo el día y hablando únicamente de las heridas que uno lleva en su cuerpo. (Ya lo dijimos). Así no hay modo de que cicatricen con normalidad. Si queda marca, bendita sea. Y adelante, a la meta. Si Messi sigue ganando, nadie hablará, ni para recordarlo, de su chichón.
¿Y en la vida real? Será chichón todo lo que no nos separe mucho del fin. Y cruzados rotos, lo que nos posponga un tiempo el juego. Y la muerte, lo que nos retire del juego de verdad.
¿Cuál es el fin del futbolista? Ganar el mundial. ¿Y cuál, el de todo ser humano, del que no ha de separarse, a pesar de que siempre lo hagamos más o menos? Habrá discusiones pero diría que es la felicidad, que viene ser amar y ser amado. Aplíquese ahora la regla de tres: lo que me lleve a amar mejor, bien; lo que me separe algo, chichón, regulín; etc...
En un libro del que ya hemos comentado cosas, "Querer no es poder", se habla en extenso de las adicciones, y de su relación no muy visible pero definitiva con el fin del hombre (amar) y de cómo de importante es lo que sugerimos aquí: no lamérselas estérilmente, que, si no, no se cierran, y tirar para adelante, sin pensar que el pasado es el futuro. Ejemplo: "de niño me pasó que....". Bien. Pues, primero, date cuenta del alcance en la actualidad de tu pasado. Acéptalo. Y pon remedio: el que puedas. Y pide ayuda. Recomiendo el libro.
Hala, a ver el fútbol y a querer a los demás, sin miedo a los tropiezos, y sin darles demasiada importancia... si no la tienen.
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